jueves, 11 de agosto de 2011

Hay que mirar al cielo.

Creemos que las nubes reciben un trato injusto y que la vida sería infinitamente pobre sin ellas.
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Pensamos que las nubes son la poesía de la naturaleza y el más igualitario de sus despliegues, ya que todo el mundo cuenta con una estupenda vista de ellas.
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Nos comprometemos a luchar contra la obsesión por los cielos azules allí donde la encontremos. La vida sería muy aburrida si día tras día tuviésemos que alzar los ojos hacia una monotonía sin nubes.
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Pretendemos recordarle a la gente que las nubes son expresiones de los cambios de humor de la atmósfera y que pueden interpretarse como las del rostro de una persona.
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Creemos que las nubes son para soñadores y que su contemplación beneficia el alma. De hecho, los que piensen en las formas que ven en ellas se ahorrarán las facturas del psicoanalista.
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Así pues, declaramos ante todo aquel que quiera escuchar:
Alza la vista, maravíllate ante su efímera belleza y vive la vida con la cabeza en las nubes.

Manifiesto de la Sociedad de Observación de Nubes

Hará unos 3 años que estaba con mi novia ojeando libros en una librería cuando vi un libro que me llamó la atención. Se llamaba “Guía del Observador de Nubes” escrito por un tal Gavin Pretor-Pinney, fundador de la Cloud Appreciation Society (Sociedad de Observación de Nubes). Ya por su título y premisa me resultó más que interesante. ¿Observador de Nubes? ¿Qué es eso? Intrigante…

No tuve que hojearlo unos segundos para engancharme completamente. Gavin Pretor-Pinney ama las nubes y éste amor se transfiere hermosamente en su prosa y contagia inevitablemente al lector. Entre casos de sexo con nubes, imágenes escondidas en las nubes de pinturas famosas y una gansa llamada Olga que viaja miles de kilómetros para ilustrar la difracción, no sólo logra despertar el interés por las nubes, sino que nos enseña muchísimo sobre ellas. Estoy infinitamente agradecido a Carolina (mi novia) por insistirme en que lo comprara.

Desde que leí ese libro (que releí un par de veces) trato de salir de mi casa siempre con mi cámara y de tener la mirada en las nubes tanto como pueda. En el cielo se desarrolla un ballet atmosférico cautivante. Las nubes están en constante movimiento y evolución y hay una gran variedad de ellas. Desde las nubes bajas, blancas y mullidas hasta los altos cirros que son como hebras de la más fina seda; desde el arcoiris –el más conocido de los fenómenos ópticos– hasta el Halo de 46º –ilusivo y muy difícil de ver. Pocas cosas son tan aburridas como un cielo completamente azul; las nubes son la joyería del firmamento.

La gente definitivamente no mira al cielo tanto como debería. Es como si el mundo se terminara al nivel del horizonte. Me he encontrado en situaciones en las que el cielo presentaba un bellísimo Arco Circuncenital y nadie a mi al rededor parecía notarlo. En palabras de Mauricio Saldivar, “Hay que mirar al cielo”.